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La mente

recuerdos – imágenes – pensamientos

La mente

Es el teatro de la vida, tanto el espacio como la obra que en él se representa, que es tragedia, drama o comedia según es la mirada del observador que la mira.

En este maravilloso y mágico espacio confluyen las diferentes formas del pensar. Aquí es donde recordamos, imaginamos, razonamos y calculamos. Es el escenario donde se representa la obra de nuestra vida, llena de recuerdos y fantasías, de ilusiones y de decepciones, de sentido o de sinsentido.

También es este incesante proceso que nos informa del mundo exterior y del mundo interior, combinado en una única imagen holográfica todo aquello que percibimos a través de los sentidos externos e internos, como son las olores, formas y colores, sonidos, sensaciones y sabores. Y todo ello bien aderezado con la ayuda de la información que va añadiendo, sin pausa, la memoria.

El ego

Y el principal inquilino de la mente es el ego, el yo, un manojo de memorias gracias al pensamos que existimos como seres separados. Gracias a él recordamos y sabemos quién somos, como nos llamamos y como comer, y también nos dice qué nos conviene y qué no, en función de nuestras vivencias del pasado. El ego es una gran ayuda para funcionar en el mundo, aunque a veces nos empuja a comportamientos que nos pueden hacer daño.

Vemos a través de la ilusión

La mirada del bebé es inocente y limpia, pero la nuestra ya está teñida por experiencias del pasado que perviven en nosotros como creencias y valores, distorsionando nuestra visión del mundo y de nuestra vida. Miramos la vida a través de un mapa mental que cambia de color según nuestros estados de ánimo, actuando y reaccionando según la película que nos hacemos, con la esperanza de que encontraremos la felicidad fuera de nosotros.

La solución

El primer paso para poder vivir plenamente despiertos es recordar que la película que estamos viendo es solo una película, tal como hacemos cuando estamos en el cine. Después vendrá el reconocer y transformar los filtros de nuestra mirada, lo que ampliará nuestro mapa mental. Todo esto enlentece el huracán de pensamientos (diálogo interior), y nos permite reconocer el mapa y transformar la mirada, y poder tomar consciencia desde un lugar más profundo, mucho más allá del punto de mira del pequeño yo.

“En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira; todo es según el color, del cristal con que se mira»  Ramón de Campoamor

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